domingo, 18 de diciembre de 2011

Testamento geométrico

Ya os lo he contado una vez. Como quien no quiere la cosa, leyendo Historias e invenciones de Félix Muriel me quedé alucinado. Ojo qué libro. A lo mejor, empequeñecido ante las loas y bienaventuranzas que le dedica Gonzalo Torrente Ballester, simple y llanamente no me quedaba otra opción que alucinar. Porque es mucho decir eso que decía GTB en “Cuadernos de La Romana” Eso de que pienso ahora, y va a ser difícil que rectifique, que este Félix Muriel es el mejor libro de ficción narrativa escrita por los españoles del exilio”… Y luego dedicarle a Rafael Dieste un tremendo “acusa esa madurez expresiva y artística que permite escribir como se quiere, o más exactamente, como la materia exige”, o el “prosa magistral”… estaba generoso Torrente, diríase.

Más tarde, en uno de esos paseos por el Castro de Samoedo, me topé, ya hace algún tiempo, con la siguiente rareza de Rafael Dieste: Testamento geométrico… Título atracativo total, publicado por los virgueros de Edicións do Castro, bonita portada y demás golpes bajos… como para no comprarlo. Cosa que hice… También me puse a leerlo, que para eso había flipado con Félix Muriel. Y al poco lo dejé. Con ojo de absoluto zoquete en cuestiones matemáticas, que es lo que soy, me di cuenta de que salvo Los movimientos en geometría, segunda parte del tratado, muy interesante y que me dejó abstracto encandilado al estilo de los tochazos de Peter Sloterdijk, el resto del libro asusta y es hermético impenetrable coñazo perdurable, y es soporífero y es un árido libro de texto lleno de formulitas y anti/formulitas y refutaciones y postulados y axiomas y rectas asíntotas y ángulos obtusos y gráficas y coordenadas como en la EGB. Y, en manos de un neófito/ignorante en dichas cuestiones, libro básicamente incomprensible en su conjunto y en su detalle, del derecho y del revés, empezando por el principio, por el medio o por el final, en su versión en castellano o en su traducción al esperanto, que éste es un libro de texto/técnico/tratado/la O… en verso, por mucho que nos cuenten variaciones embellecedoras sobre dicha indiscutible y soporífera y aplastante realidad en el prólogo de García Sabell o en las solapas…

Y resulta que García Sabell, que debía de ser bastante sutil, viendo el percal, se nos pone a jugar con la bolita mágica y vislumbra, en el semblante de los lectores, un gesto agrio ante el chaparrón de formulitas euclídeas. Y va el aéreo prologuista y suelta un defensivo “este libro es, pues, fácil si en su lectura nos mantenemos tensos, en vigilia atenta. Y es un libro incómodo si pretendemos, por otra parte, captarlo rápidamente, en lectura apresurada y laxa de ensayo divulgatorio” Cosa que, aparte bien dicha, resulta muy oportuna. En mi primera lectura, porque sí, ha habido una segunda, si es que os digo que estoy mal de la chota, primera lectura realizada de la segunda de las maneras que indica el prólogo, el resultado también fue el que anuncia el prólogo en relación a esa manera de lectura. Un auténtico coñazo. Y vuelvo sobre el prólogo, que tiene trampa, porque esa segunda manera de leer de que nos habla García Sabell, se podría definir como “leer” a secas, a diferencia de la primera que recomienda el prólogo, que es en verdad un eufemismo, ya que no se trata de “leer” sino de “estudiar” Y bien, el caso es que después de leer el libro, que no estudiarlo, os repito que Los movimientos en geometría, ausentes las fórmulas y el exceso demostrativo, y tratando la cuestión de manera cuasi abstracta genérica básica elemental, está moito moito ben.

Pero es que hace unas semanas hubo en mi vida un episodio de difícil exégesis que acabó conmigo, la calculadora, la escuadra, el cartabón, la regla, el lápiz, la goma de borrar, papel en abundancia, acompañados del librajo en cuestión y de varios frascos de anfetaminas, pañuelos, una manta, donetes y un flexo encendido 24 horas al día, todos juntos encerrados en el despacho… Banzaiiiiiiiiiiii Dieste!

¿Por qué? No tengo ni idea…

Los antecedentes del episodio de difícil exégesis se sitúan hace un par de meses. AlguienX me había dejado clavado al suelo… hablábamos de Bolaño, luego de 2666, que yo no leí pero él sí, y le gustó, y, en resumidas cuentas, me explicó que en el novelón póstumo de Bolaño tiene un papel destacadísimo un libro de Edicións do Castro… una rareza, año 75… el Testamento geométrico… Rafael Dieste…


El orden de los elementos no altera el producto. El orden ahora es que uno se lee 2666 y le entra la curiosidad por el Testamento geométrico… A la inversa la operación es que habiendo uno leído el Testamento le entra la curiosidad por 2666… la equivalencia de los resultados habrá que comprobarla.

Pienso leer 2666. Pero aún no lo he hecho. Antes, el episodio de difícil encuadre, me llevó a encerrarme en el despacho, dotado de los medios y disposición de espíritu que arriba os cuento, afectado en mi vanidad por el prólogo de García Sabell, presto a “estudiar” el libro de Dieste manteniéndome tenso, en vigilia atenta. Resultado: el mismo. Sólo me gustó la parte que me había gustada la primera vez. Y las que no soporté esa primera vez me resultaron aún más insoportables esta segunda… Antes de ingresar en el psiquiátrico pienso leer el Testamento geométrico una tercera vez, que será cuando acabe 2666, porque estando bien el novelón de Bolaño, que lo estará, supongo que a gente sin criterio, como es mi caso, la influencia del laudo ajeno hará ver las cosas con más capacidad matemática de cálculo, haciendo que la recta trazada entre los puntos mi y gusto cambie su trayectoria de manera caprichosa, consiguiendo quien os habla, por fin, entender el dichoso librito de Dieste…

Y ya puestos con deberes para gente enferma, para aquellos que hayáis leído 2666, que también estéis interesados por el Testamento de Dieste, os indico, en plan putadita gorda, que el artefacto soporífero por anatomasia, el rey del metraje mastodóntico y la compulsión obsesiva sin igual, el ogro DFW, se sube al tranvía llamado “somos todos imbéciles” y en su póstuma obrita, El rey pálido, le dedica también un buen comentario/alusión a la obrita póstuma, 2666, de Bolaño, novelón que, como bien sabemos, arrasó, literalmente, Amerika, acontecimiento que, parece, influenció al ogro, y estamos, entonces, cerrando una especia de esfera Dieste/Bolaño/DFW… Eso sí, qué carajo, no os pienso decir en dónde se ubican los rastros y menciones directas a Bolaño a lo largo de las 551 páginas del Rey pálido… también os digo que ni se os ocurra leer una vomitona de David Foster a la manera nº 1 de las recomendadas por García Sabell en su prólogo a Dieste, porque os pegáis un tiro… o me lo pegáis a mí...

Otro día os cuento en qué partes de Esferas, de Peter Sloterdijk, sale Rafael Dieste, que, por lo que vemos, viene siendo una especie de escritor espAcial apreciado por otros escritores espAciales… solo falta ¿Pynchon? en esta ecuación del desarreglo mental…

Y  ya le vale al blogger este del carajo, que ha cambiado, y las cosas ya no se hacen como se hacían antes y no me entero y al final la máquina decide por mí y hace lo que le da la santa gana y no sé ni elegir la letra ni nada... un descontrol
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